Eran siete y venían del terrible frío. Terribles y traviesos, fueron los primeros en arar sus terribles paisajes y lograr trigo paja y avena.
Cuando llegaron, mucho antes que los europeos, los enanos llegaron a hablar con el misterioso Cacique Payán, rey de esas tierras, llenas de selvas y misterios.
Ellos sólo buscaban un lugar donde vivir, sin humanos, viajaban migrantes. No estaban de acuerdo con el hecho de que papá Noel les hiciera trabajar tanto.
Sobre la nieve, el Jotunmen se acercaba a las casas y, a cambio de una cabra de paja, les daba regalos a los niños. Juguetes mecánicos realizados con minerales brillantes y desconocidos por el hombre, pues los Jotunmen eran cortos en estatura, largos en barbas y sabios en las artes mineras.
En sus tierras estaban acostumbrados a apalear nieve, a cazar entre la blanca noche y a lograrse la vida entre el helaje y la indiferencia de los muy desagradecidos humanos, a los que les daban todo el amor de los padres que eran. Muy antiguos eran sus nombres, más antiguos que la Navidad.
Un buen día Odin, el mayor de todos, les dijo:
– He escuchado de una tierra, en donde los reyes son las fieras. Esa tierra sobrevive intacta, sin labranza y sin matanza.
Los siete abordaron un buque, buscando un lugar sin gente.
Los Jotunmen trabajaron mágicos juguetes que regalaron por todo el trópico. La selva les dio la bienvenida y los gnomos se pusieron a su altura. Pero los animales al verlos solo se reían sin entenderlos.
La Danta dijo: Qué gorros tan sonsos, el calor los dejará tontos.
Sin embargo, el río sin vida habían limpiado con sus manos lo habían labrado y ahora agua limpia corría y ella felizmente la bebía.
El mono dijo: qué tontos esos enanos, construyendo una casa de troncos mojados.
Pero de pronto vio cómo esas trabajadoras manos levantaban un pequeño hogar en donde los monos jugaban.
Pero el más sigiloso y sabio jaguar no habló a sus espaldas. Con la mayor cortesía, a la puerta fue a tocar. Los enanos lo recibieron y muchas viandas y bienvenidas le dieron porque sabían del buen anfitrión que tenían y que fiestón que se venía. Con el Jaguar toda la noche tomaron y en la madrugada se emborracharon y al felino invitado les contó el secreto vedado que la selva había cerrado y por miles de años había cultivado.
Y allí por muchos años vivieron, los gnomos felices la selva habitaron. Pronto perdieron la barba y su tez dejó de ser blanca. Pronto cambiaron las botas por amanitas y otras setas. Pronto mudaron sus ropas y de espíritu y fuerza viejas runas se rehicieron. Pero la moda innovaron, rojos gorros siempre portaron.
Y entonces enviaron cartas con fotos para sus amigos en Suecia y se dieron cuenta de lo mucho que habían cambiado.
Hasta que los hombres llegaron. En camionetas asaltaron y sus casas en el bosque quebraron. Malos hombres de negocios avaros, malos hombres de muy caros habanos y de muy dorados trabajos. Malos hombres que con armas pretendieron saludarlos. Malos hombres enloquecidos por la guerra que la selva asevera.
Y su casa la rompieron y sus memorias destruyeron. Y comieron sus avenas de la selva y a sus amigos de la selva y fritaron sus frutos de su selva. Destruyeron su vida en la selva.
Entre lágrimas y cenizas los gnomos yacían en grupo y del cielo llovió. Sólo un árbol sobrevivió. Un pino que milagrosamente el suelo selvático previno.
El mensaje era divino y pronto ellos sacaron vino.
El Jule estaba cerca la navidad tocaba la puerta. La estrella en la punta brillaba con luz enjunta.
Y en la noche todos cantaron y su comida compartieron. Después, los regalos repartieron.
La serpiente tuvo ropa nueva y el mono una risa longeva. La danta lució un abrigo tejido y la rana estrenó un nuevo quejido. El señor jaguar recibió un abrigo de rigor y la dama Caimán recibió un dorado peine de alacrán.
Al final todos cantaron por la navidad. En este húmedo bosque ecuatorial. Pues los siete enanos que del invierno vinieron el mensaje de la navidad a la selva trajeron.
Villa Tomte la llamaron y en ella todos vivieron.
No lo sabes, pero su único poder es no dejarse ver.
Así invisibles sobrevivieron y el monte trabajaron.
Hoy los Tomtes tienen reino y nadie en vender juguetes les gana. Que disfrazan de varias marcas y de réplicas los venden. A precio de copia, igual al original.
Cuando tengas tu juguete de navidad, en la caja debes revisar
Si depronto uno de sus detalles de caridad
en la caja se puede divisar
Un rojo gorro de gnomo, te avisa que tu juguete no es chino ni gringo
Es de villa tomte, donde ellos felices, el fin de los tiempos persistieron.

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