Ready Player One: luchar aunque sea por la ilusión

Cuando el panorama parece aterrador, las personas solemos mirar hacia el pasado e idealizar la infancia y adolescencia, ese  tiempo en las que las películas, caricaturas y videojuegos nos permitían creer en situaciones que se podían resolver fácilmente y en los héroe de origen humilde, ayudado por sus aliados vence a “El mal” y se queda con la recompensa.

Esto no nos es ajeno, suguro todos se han encariñado con productos mediáticos de otros tiempos que han descubierto  por influencia familiar, repeticiones o demás circunstancias, buenos recueerdos que nos conectan con otros tiempos. Pero el 2045 que habita Wade Watts, la situación de los humanos está tan mal, que las historias de otros tiempos mejores (o al menos con las que fantaseaba alguien influyente) son el último refugio de la juventud.

El argumento de la novela Ready Player One (Ernest Cline, 2011) se centra en la aventura de Wade (o Parzival, su nombre de jugador) dentro de un mundo virtual que es mitad videojuego, mitad internet de realidad virtual, OASIS, para encontrar el “easter egg” que James Halliday, creador de ese software, escondió. El testmento de ese excentrico genio millonario establece que el primero en resolver los acertijos dentro del juego, heredará su fortuna y el control total sobre OASIS.

El nombre del creador del videojuego Adventure es considerado el primer easter egg y la inspiración para el argumento de la novelaa

Ser huerfano (padre asesinado, madre muerta de sobredosis) y vivir en un mundo miserable, sobrepoblado y devastado por el calentamiento global y la guerra son las razones por las que Wade se ha refugiado en lo poco que puede disfrutar de OASIS (cuesta comprar items y moverse entre los infinitos mundos que lo componen) y en las películas, series, álbumes y videojuegos gratuitos disponibles por voluntad  de Halliday.

Pero su vida cambia cuando, tras cinco años sin avances en la búsqueda, Parzival encuentra las primeras claves y se pone en la mira de Art3mis, Aech, Daito y Shoto, otros “gunters” (egg hunters, jugadores expertos en Haliday) y de IOI, una malvada corporación que destina todos los recursos necesaarios para ganar control sobre OASIS  para monetizarlo todo y hacerlo aún más miserable e inaccesible para gente como Wade.

La historia avanza y se desarrolla entre cientos de referencias a la cultura pop y el entretenimiento de las últimas décadas del siglo XX, lo que en algunos momentos puede ser cansado y hasta pasado de “member berries”, pero también sirve para articular una aventura simple pero emocionante sobre un héroe (a la gringa, aclaremos) que une a otros jugadores para salvar una de las pocas agradables que les quedan en el mundo (y es chatarra y memorias de tiempos que no vivieron.

Pero la novela no sólo juega con la nostalgia, la ciencia ficción del mundo tanto real como virtual de Wade y compañía, también está bien anclada en nuestro presente tanto por las calamidades sociales y ambientales que parecer estar empeorando, como por el interés de empresas como Facebook, por crear populares entornos interactivos virtuales. Llama la atención que cuando muchos lectores de la novela descubrieron VR Chat por el extraño meme del Ugandan Knuckles, se acordaron de ella.

Al final, Wade irá descubriendo que en su lucha por ganarle a IOI están las claves para salvar el mundo virtual, pero también para tratar de volver a hacer habitable el mundo real.

Ready Player One es una novela entretenida y disfrutable en estos tiempos de Twitch, E Sports y redes sociales, pero también es una interesante historia sobre la nostalgia y lo esperanzadora que puede ser, pero también unan muestra de lo que pasa cuando la creación y las narraciones se obsesionan y estancan con fórmulas e historias de otros tiempos y contextos.

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